Tecnología digital: Reflexiones pedagógicas y socioculturales. Parte 1
La época en que crecimos y en que crecieron nuestros padres y madres está terminando. Ésta, como cualquier otra, se desarrolló “bajo la influencia una visión de mundo y de un paradigma tecnológico asociado a un modo de desarrollo dominante” (Meoño, 2003, p. 33).
El problema no es que estemos viviendo “una época de cambios” sino “un cambio de época”. No se trata de cualquier tipo de cambio, sino de un cambio histórico que lleva consigo cambio de ideas, de técnicas y de instituciones. Desde la perspectiva de las ideas se pasa de un sistema de ideas dominante y universal para interpretar y actuar en el mundo a otro sistema de ideas que pretende ser también dominante y universal. El cambio que estamos viviendo se da entre la tecnología de la época industrial que se basó en la mecánica, química y eléctrica y un nuevo sistema con nuevas técnicas (Ordóñez, 2004, p. 8)
Desde el año 1500 la visión de mundo era una visión orgánica asociada al modo de desarrollo medieval; agrarianismo, y a esta visión de mundo correspondía un paradigma tecnológico orgánico también dominante. Hace más de dos siglos, esta visión orgánica fue reemplazada por la visión mecánica de mundo asociada al modo de producción moderno: industrialismo y, a esta visión de mundo corresponde un paradigma tecnológico mecánico igualmente dominante. (Meoño, 2003, p. 33)
Actualmente se gesta la sustitución del industrialismo, lo cual nos permite afirmar que estamos ante un cambio de época y NO ante una época de cambios. Es decir, al igual que hace 500 años y hace 250 años, nuestro entorno (y el de todo el planeta) se está transformando en forma cualitativa y simultánea, específicamente en las relaciones de producción, las relaciones de poder y las formas de la experiencia humana y cultura (Mato,citado por Meoño, 2003, p. 32).
La nueva época se impone a todos y todas por igual, somos vulnerables, entramos en crisis –parte de una crisis más amplia–, la crisis no es exclusiva de un sólo país, un sólo grupo, una sola institución o unas cuantas personas. Hablamos de una crisis de todo el planeta, de continentes, de naciones, de organizaciones, de grupos sociales y de ciudadanos, pues ahora, todos y todas somos ciudadanos y ciudadanas de nuestra aldea pero a la vez ciudadanos planetarios. (Ordóñez, 2004, p. 11)
Esta situación se torna aún más compleja, al analizar sus implicaciones, porque estos cambios siempre son “confusos e incontrolados” y, en los cuales, debido a la vulnerabilidad que siente, “el ser humano busca refugio en la religión, la ética, el territorio, las redes de la computación, el postmodernismo, el espíritu nacional, el individualismo, la delincuencia, etc.” (Ordóñez, 2004, p. 7).
Los cambios de época no son una novedad para la humanidad; “el último cambio histórico ocurrió hace más de 200 años, cuando la Revolución Industrial condujo a las sociedades desde el agrarianismo hacia el industrialismo, generando incertidumbre, discontinuidad, inestabilidad, desorientación, inseguridad, perplejidad y, por lo tanto, vulnerabilidad”. Ahora, tres revoluciones – sociocultural, tecnológica y económica— están haciendo obsoleta la época del industrialismo y forjando la época del informacionalismo. Sin embargo, este proceso no ocurre de forma clara ni sin contradicciones, que son propias de un cambio de época, por la competencia entre visiones de mundo en conflicto que intentan prevalecer en la época emergente. (De Souza, 2001, p. 1)2 Y, en este cambio de época, “la tecnología de la información está generando un nuevo modo de desarrollo y un diferente modo capitalista de producción, de experiencia y de poder” (Ordóñez, 2004, p. 6).
Fuente:Victoria González García. Revista Actualidades Investigativas en Educación Volumen 5, Número 1, Año 2005
