Thursday, October 16, 2008

Determinantes de los distintos procesos motivacionales

¿Por qué no todos los alumnos valoran del mismo modo la relevancia de las tareas académicas?, ¿Por qué, dadas unas mismas condiciones, algunos alumnos adoptan modos de pensamiento y actuación más adaptativos mientras que otros escogen formas de actuación que resultan negativas para sus intereses?

La motivación depende de conocer formas eficaces de pensar y de afrontar el trabajo. No es que los alumnos no aprendan porque no estén adecuadamente motivados, sino que no están adecuadamente motivados porque, al no saber cómo afrontar las tareas escolares, no aprenden.

Se ha constatado que cuando se experimenta algún tipo de dificultad que impide resolver adecuadamente una tarea, lo primero que se hace no es abandonarla, sino poner más esfuerzo en su solución. Esto es, el fracaso por sí solo no hace desaparecer la motivación. La experiencia repetida de fracaso, sí lleva a abandonarla, aunque no todas las personas abandonan al mismo tiempo. La diferencia en la rapidez con que se abandona, depende por ejemplo, dónde focaliza el sujeto su atención: si es en la búsqueda de las acciones y estrategias específicas que podrían ayudarle a resolver el problema o, por el contrario, en el estado de disgusto que genera la dificultad experimentada. (Kuhl, 1987). Por ejemplo, muchos de los alumnos que experimentan problemas en los primeros años escolares no difieren en inteligencia de sus compañeros, aunque sí en el hecho de presentar dificultades cognitivas específicas tales como déficit de vocabulario que obstaculiza la comprensión, o insuficiencias en el control de la atención que limita el aprovechamiento adecuado de la actividad escolar.

La cantidad y el tipo de ayudas que recibe el sujeto también influyen y de modo notable en la motivación. Si los alumnos no aprenden a pensar, la experiencia repetida de fracaso les lleva a consolidar la idea de que tienen poca capacidad para conseguir los objetivos escolares y de que esa capacidad es relativamente estable. El hecho de que no todos los alumnos evolucionen del mismo modo se debe al resultado de la interacción prolongada entre sus capacidades, los contextos de aprendizaje a que han sido sometidos y las diferentes formas de mediación experimentadas. Cuando esta mediación varía, cuando los profesores ayudan a los alumnos a aprender, a pensar más que a almacenar conocimientos, las pautas de afrontamiento y la motivación cambian positivamente. (Pardo y Alonso Tapia, 1990; Ames, 1992, Pressley y otros, 1992).

En consecuencia, si se quiere motivar a los alumnos para aprender en el sentido más profundo del término, es necesario que los docentes analicemos si nuestras pautas de actuación facilitan que la atención se centre en los procesos y estrategias mediante los que aprenden y resuelven los distintos tipos de problemas, o si, por el contrario, tienden a orientarles a la consecución de resultados sin hacerles pensar en el modo en que se han alcanzado.

Debemos preguntarnos si enseñamos a nuestros alumnos modos de pensar que permitan superar las dificultades, sacar provecho de los errores y construir representaciones conceptuales y procedimentales que faciliten la percepción de progreso y contribuyan a mantener la motivación elevada.

Fuentes:

  • Educrea Revista 9 El proceso de Aprender
  • Marzano, R., Pickering, D. y otros. "Dimensiones del Aprendizaje". USA, 1992.
  • Beas, J., Santa Cruz, J., y otros. "Enseñar a Pensar para aprender mejor" Edic. U. Católica, Chile, 2000.
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